Sobre moda ética: nuevo espacio del blog

¿Qué es la moda ética? ¿hay una moda ética y una que no lo es? ¿Es que la moda producida por las grandes empresas de la moda, en países pobres, que generan miles de puestos de trabajo no puede considerarse ética?

Para presentar el contenido de lo que será este nuevo espacio en mi blog, quiero compartir con todos algunas reflexiones acerca de estas cuestiones.

Hace tiempo vi un programa de televisión sobre la producción de moda de grandes multinacionales textiles. En él nos contaban cómo es la vida de las personas, sobre todo mujeres, que trabajan en estas fábricas. Las condiciones laborales no eran buenas, en absoluto. Pero su margen de maniobra es escaso,  todas dependen de ese empleo para subsistir. Estas mujeres, a pesar de ser conscientes de lo precaria de su situación laboral, se alegraban de tener empleo y animaban a los espectadores a consumir esas marcas para que ellas pudieran mantener su puesto de trabajo.

Para entender bien cómo y por qué funciona nuestro sistema económico, debemos echar un vistazo a los fundamentos ideológicos sobre los que se ha construido.  Los pensamientos filosóficos, que sustentan nuestros sistemas de convivencia, han sido desarrollados por hombres. Cuando digo hombres no me estoy refiriendo a su acepción general (ser humano) sino a la particular de género masculino. No es que no haya habido filósofas y escritoras que aportaran su punto de vista, es más bien, que apenas se las ha escuchado, apenas las conocemos: del mismo modo que el hombre ha ocupado la vida pública a lo largo de nuestra historia, el pensamiento masculino ha supuesto también la base para la construcción de nuestros sistemas sociales.

El sistema de valores que conforman la ética de nuestros días, se han desarrollado bajo la perspectiva masculina de la moral que otorga a la Justicia un papel determinante.  Simplificando mucho el asunto, la ética que identificamos es la llamada ética de la Justicia: lo que es justo, es ético.

Así, la obtención de un beneficio económico a partir de una actividad, que aporta un bien (producto) a la sociedad, es un principio justo. Como también lo son, las relaciones particulares que se establecen en nuestro sistema económico, materializadas en contratos laborales (trabajo a cambio de un salario), y las transacciones económicas (compra/venta), basadas en la legítima obtención de beneficios particulares de las partes.

En teoría funciona: el sistema es justo y por ello, ético.

Si esto es así, yo me pregunto: ¿porqué hay tanto desequilibrio económico en el mundo? ¿porqué cada vez unos tienen más y otros tan poco? ¿porqué hay injusticia social y económica en el mundo, si nuestro sistemas están basados en principios justos?.

Carol Gilligan (New York, 1936) filósofa y psicóloga Estadounidense y autora del libro In a different voice: psychological theory and women’s development (Harvard University press, Cambridge, Ma. 1982), ha impulsado la llamada ética del cuidado como complemento (que no contraposición) a la ética de la justicia. Esta llamada ética del cuidado se fundamenta en la diferente perspectiva de las mujeres sobre sobre los valores morales: las niñas (objeto de sus estudios), al enfrentarse a la conducta desde un punto de vista moral, privilegian las relaciones humanas y las responsabilidades del cuidado para con sus congéneres, frente a deberes y derechos abstractos sobre justicia. Lo que para el profesor L. Kohlberg (para el que C. Gilligan trabajó como ayudante), era una flaqueza moral propia de las mujeres, para C. Gilligan es, simple y llanamente, una perspectiva diferente sobre la ética, que complementa al modelo existente de ética de la justicia.

Las mujeres incorporan en su análisis sobre la moralidad, las relaciones emocionales:  cómo nuestros comportamientos afectan a las personas de nuestro entorno. Para las niñas estudiadas, las consecuencias de sus actos sobre sus seres queridos, eran más importantes a la hora de determinar su comportamiento, que unos valores teóricos de justicia.

Bajo la perspectiva de la ética del cuidado, nuestras relaciones económicas se perfeccionan: la obtención de un beneficio económico a partir de una actividad es un principio justo, pero es más ético si el desarrollo de esa actividad, se realiza con responsabilidad y cuidado. Los contratos laborales son justos puesto que ambas partes los firman voluntariamente, pero se convierten en éticos cuando la relación laboral entre las partes contempla, además, el bienestar emocional  mutuo. Y las transacciones económicas son justas, pero se acercan a la ética cuando reconocemos y valoramos el bienestar, de personas y entorno involucrados en el proceso, a la hora de elegir nuestra compra.

El hecho de que hayan sido las mujeres, por regla general, las que se han ocupado del cuidado, les ha otorgado esta distinta perspectiva. Si los fundamentos ideológicos de nuestros sistemas de convivencia la excluyen, no son fundamentos sólidos y generan sistemas desequilibrados. La ausencia de equilibrio es injusta.

Afortunadamente, cada día, más y más personas (hombres y mujeres) han tomado consciencia de la necesidad de incorporar el cuidado en las bases de nuestro sistema económico (motor de cambios sociales). Idea de la que surgen iniciativas económicas transformadoras como Buy good / Feel good (comprar bien, sienta bien): una exposición universal anual, ubicada en Toronto (Canadá), que aspira construir una comunidad de personas y organizaciones que comparten esta convicción. Os recomiendo una visita a su web; la constatación de su existencia es gratamente inspiradora.

Y volviendo a las preguntas iniciales, bajo la perspectiva de la ética del cuidado, podemos identificar la moda ética o, según yo la llamaría, moda del cuidado con aquellas marcas/empresas que la contemplan.

En este nuevo apartado del blog, compartiré descubrimientos de marcas y/o iniciativas relacionadas con la moda del cuidado: empresas y productos con historia, transparentes, honestas y, sobre todo, responsables con nuestro mundo y con la condición humana.

Marcas que ofrecen bienes reales cuya adquisición no solo nos reportará un beneficio particular, también beneficiaremos a las personas implicadas en su producción y, como no, a nuestro adorado planeta.

Comprobaréis que he encontrado maravillas y para todos los bolsillos.

Feliz día!

Reportaje fotográfico de Marruecos (Ouarzazate y Tánger), por Nacho Soriano (Iclipvideo.es).

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